martes, 22 de mayo de 2012

GESTIÓN DE RIESGOS: CUANDO LA COMUNICACIÓN PUEDE SALVAR VIDAS


POR: Milagros Villarreal Rivera

El tsunami que arrasó el Sureste asiático el 
26 de diciembrede 2004 dejó 186.983 muertos.
Foto: Lana Slivar, Reuters
Las eventualidades naturales constituyen graves riesgos para la humanidad, en especial, por el advenimiento de las variaciones climáticas y por la escasa preparación de las poblaciones. La Comunicación en Gestión de Riesgos aúna esfuerzos por cambiar esta situación.

Diciembre 2004: 186.983 muertos por tsunami en Indonesia.  Agosto 2005: 1.836 muertos  por Huracán Katrina. Febrero 2010: 525 muertos por terremoto y tsunami en Chile. Enero 2010: 316.000 muertos por terremoto de Haití. Marzo 2011: 15.745 muertos por terremoto y tsunami de Japón. Octubre 2011: 527 muertos  por inundaciones en Tailandia. La lista nunca concluye.

Durante los últimos años estos desastres saltan en la memoria de las personas causando inquietud. Sin embargo, constituyen solo escasos ejemplos de catástrofes que han trascendido a nivel mundial por la envergadura de sus pérdidas.

Las eventualidades no son nuevas, concurren de forma intrínseca en las  diversas  geografías y  recove-

cos del planeta, a lo largo del tiempo. Mas, las variaciones climáticas de los últimos lustros y, sobretodo, la exigua preparación de las sociedades perfilan su condición de desastre.

Como respuesta, se ha generado una preocupación internacional que ha dado origen a organismos, instituciones, planes, acuerdos e instrumentos a nivel nacional, regional o mundial. Estos instrumentos tienen como objetivo hacerles frente.

Verbigracia: las NN.UU (a través de su agencia Plan Internacional),  los acuerdos mundiales como el de Hyogo 2005-2015, la  Estra-tegia Internacional y la Estrategia Andina para la Reducción de Desastres o, en el contexto nacio-nal, la Secretaria de Gestión de Riesgos, forman un conglomerado que, sea cual fuese su naturaleza, se esfuerzan por crear agendas compartidas para articular planes de reducción de amenazas, crear e integrar políticas en este ámbito, formar y educar a las poblaciones, así como promover la resistencia, mitigación y resiliencia de riesgos y desastres. 

En este camino, la Comunicación retoma otro escenario por  la importancia de su transversalidad. Deviene para hacer efectiva las diversas iniciativas de la gestión de emergencias. Pues más allá de la espectacularización de los mass media entorno a estos sucesos, la Comunicación protagoniza un rol trascendental al ser una estrategia de información y educación.

Precisamente, los desastres han constituido hechos noticiosos de gran atención para las cadenas mediáticas, que no solo espectacu-larizan los acontecimientos, sino que contribuyen en la creación de procesos de desinformación e incluso alimentan el miedo a través de sus canales. Entonces, la lógica del mercado prima sobre su función social.

Sin lugar a dudas, la necesidad de información aumenta en durante la presencia de los desastres.  Por ello, la labor de los medios debe direccionarse al aprovechamiento de sus potencialidades –inmedia-tez, cobertura, sensibilización, profundidad- y a la construcción de procesos y productos comuni-cacionales que atiendan  a los requerimientos con responsabili-dad y calidad.

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